viernes, 2 de mayo de 2014

"El francotirador paciente" de Arturo Pérez- Reverte



Buenas :)

Aquí vengo con una novela de uno de mis autores favoritos. 

Y sin embargo, esta no me ha gustado tanto como las demás.

Vamos con la sinopsis:

Un encargo editorial pone a Alejandra Varela, especialista en arte urbano, tras la pista de Sniper, un reconocido artista de grafiti, promotor de acciones callejeras al límite de la legalidad -algunas de ellas con resultados fatales- del que casi nadie ha visto jamás el rostro ni conoce el paradero. La búsqueda conducirá a la protagonista de Madrid a Lisboa, y de ahí a Verona y a Nápoles en un intento por descifrar cuál es el objetivo al que apunta la mira mortal del cazador solitario.

Cuando empiezo una novela de Reverte, me preparo para que me transporte a otro mundo con su elegante, a veces cadencioso y siempre certero modo de narrar.
Esta vez, en cambio, me ha costado encontrar ese tono entre las líneas. Tal vez porque la primera parte tiene lugar entre personajes de habla callejera y por eso he creído estar oyendo al Reverte que escribe todos los domingos la página "Patente de corso", más gamberro e insultante. No sé por qué. El caso es que no creía estar oyendo a Alejandra Varela, y eso me ha dado mucho mucha rabia.

De cualquier forma, a la mitad del libro o un poco antes el tono me pareció que cambiaba y empecé a escuchar a Alejandra. Y entonces sí, entonces sí que empecé a disfrutar de verdad.

Sí que es cierto que me ha gustado menos que los otros libros porque en este la trama gira alrededor del grafiti, el arte callejero y su mirada transgresora sobre el mundo, la cultura y el propio arte, temas con los que no me siento identificada en absoluto ("El maestro de esgrima", "La tabla de Flandes", "El tango de la Guardia Vieja"... fueron otra cosa).
Aun así, Reverte es tan magistral en su trabajo que consigue que comprendamos los motivos y puntos de vista de los, como ellos mismos se llaman, "escritores de paredes".

- Toda esa basura, decía él, de que una instalación oficial sea considerada arte y otra no oficial no lo sea...¿Quién pone la etiqueta?, preguntaba. ¿Los galeristas y los críticos, o el público?... Si tienes algo que contar, debes contarlo donde lo vean, con el arte. Y para Sniper, todo el arte consistía en no ser capturado. Pintar donde no debes. Huir de los guardias y que no te cojan. Llegar a casa y pensar "lo hice" es lo mejor. Más que el sexo, o las drogas. Y en eso tuvo razón. A muchos, el grafiti nos salvó de cosas.

Toda la historia se sustenta en la búsqueda de Alejandra (o Lex, como le gusta que la llamen) de Sniper, un artista callejero prepotente como el que más.
Admirado por todos, odiado por muchos, siempre deja huella. Escribe en los lugares más inaccesibles y peligrosos, como trenes en marcha. Nunca lo ha cazado la policía y es incorruptible; si alguien osa proponerle entrar en el mercado del arte, en el que cotizaría por millones, destruye automáticamente todas las obras por las que proponían hacerle famoso. Es conocido como "el francotirador" porque su sello, su firma en las paredes, es un círculo blanco con una cruz negra en medio. La mira de un francotirador.
Lo describo como prepotente porque propone acciones grafiteras peligrosas por Internet, con inmunidad absoluta, y cuando chavales intentan llevarlas a cabo y mueren en el intento, no se digna ni a pedir perdón. ¿Y dejar de proponer esas acciones? Ni pensarlo. Total, él no tiene la culpa. Son los grafiteros quienes arriesgan su vida voluntariamente, él no les pone una pistola en la frente. 
Absolutamente indignante. He odiado a Sniper con toda mi alma desde el momento en que Lex lo encuentra. 

Lex, en cambio, es una mujer de armas tomar. Guerrera de tomo y lomo, como tenía que ser. Dudo mucho que Reverte elija como su protagonista a una mujer pusilánime nunca jamás.
Es inteligente, valiente, con un carácter memorable. 
Y esconde dentro una herida sangrante que iremos descubriendo poco a poco y que, como viene siendo habitual en las novelas de Reverte, no se cierra. 
No es una mujer amable y educada. No intenta agradar a los demás.
Ya me diréis qué opináis de ella cuando leáis la novela, pero a mí me ha parecido muy interesante como personaje. Luces y sombras, sabe cuándo atacar y cuándo dar las gracias. De esas que le juegan un pulso a la vida hasta cuando duermen.

Puede decirse que éramos pareja desde hacía ocho meses, aunque cada una vivía en su propia casa y a su manera. Pedir que la amase, entendido en el sentido convencional del término, ya era otra cuestión. Otro paisaje. Y no es lugar éste para detallar paisajes.

El ritmo es un poco lento al principio, pero tiene algunos momentos de acción salpicados, y según avanzas en la historia engancha más y más. 

Los personajes están muy bien caracterizados, tanto los principales como los secundarios. Todos son reales como la vida misma.

Algo que me ha parecido muy positivo, indicador de la maestría de este hombre tejiendo palabras y vidas, es que cada personaje tiene su forma de hablar. Hay diferencias palpables en el léxico de chavales crecidos en la calle y hombres de negocios a la caza de unos cuantos millones. Y eso me parece muy bueno en una historia que nos lleva desde los suburbios de Madrid, Verona, etc, hasta a conversaciones en restaurantes de lujo con gente que podría comprar tu vida.

Espero que os animéis a leerlo, siempre enriquece entrar en mundos desconocidos, y eso es lo que era el grafiti para mí hasta ahora.

Hasta pronto :)

Iratxe


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